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Brasil: La impactante foto de una nena de 8 años que pesa 12 kilos

Habitan en la reserva más grande del país, pero sufren la desnutrición más descarnada. La antropóloga Sílvia Guimarães, profesora de la Universidad de Brasilia, explicó a TN.com.ar qué hay detrás de este exterminio.  

Hace una semana, la foto de una nena yanomami de ocho años que pesaba apenas 12 kilos y medio se hizo viral. Padecía malaria, neumonía y desnutrición. La difundieron los mismos indígenas para denunciar la crisis que están atravesando varias de sus comunidades. Pocos días después, murió un bebé de un año que pesaba 3 kilos en otro caso de desnutrición aguda.

Según dijo entonces Darío Kopenawa, hijo del famoso chamán Davi Kopenawa, uno de los líderes indígenas más reconocidos mundialmente, el hambre es una consecuencia directa de la minería ilegal de oro y diamantes.

“Existe este problema cuando hay presencia de mineros ilegales. Donde no los hay, los niños están sanos, comen bien y se ocupan de sus actividades”, argumentó Kopenawa.

Los yanomamis son alrededor de 27.000 y viven en la mayor reserva nativa del país, un territorio de 96.000 km² – es decir un área tan grande como la provincia de Neuquén- en la selva amazónica, en la frontera con Venezuela, entre los Estados de Amazonas y Roraima.

La ONG Survival estima que hay alrededor de 370 aldeas compuestas por grandes casas comunales de forma circular llamadas yanos, en la que cada familia tiene una hoguera propia. Los yanomamis viven de la caza, la pesca y cultivos como banana y mandioca.

Una invasión de mineros ilegales

Desde hace meses, los yanomamis denuncian una verdadera invasión de garimpeiros, los mineros ilegales, que serían cerca de 20.000. Según un informe publicado a finales de marzo por la Asociación Hutukara Yanomami (HAY), la minería ilegal se expandió un 30% en 2020 en las tierras yanomami, devastando unas 500 hectáreas. El área total deforestada es de 2.400 hectáreas, afirman.

El impacto ambiental de la minería afecta de manera directa a los yanomamis, que viven en gran parte de lo que les provee el bosque. La tala del bosque y la extracción de mineral con mercurio contamina los ríos y la tierra, mata y ahuyenta a los animales.

“El agua está sucia, el río está amarillo, todo está plagado de agujeros. Los mineros ilegales son como cerdos”, dijo Davi Kopenawa al presentar el informe: “Llegan como animales hambrientos, buscando las riquezas de nuestra tierra. Se están expandiendo muy rápido. Están llegando justo al corazón del territorio yanomami”.

Los garimpeiros son también responsables de constantes ataques armados a las comunidades, que dejan muertos, heridos y un terror constante.

En mayo, se hizo viral el reclamo de una mujer yanomami de la comunidad Palimiú, en el estado de Roraima, tras varios días de enfrentamientos con los mineros.

“La gente no tiene paz, vienen de noche y muchos esperan que los van matar. Los niños huyen para el bosque (…) Todos los días lloro de miedo, sin esperanza de que llegue la seguridad. Necesitamos fuerzas policiales. […] Estoy aquí pidiendo ayuda para proteger a mujeres y niños”, reclamó Darlene Yanomami.

Ante la gravedad del fenómeno, un juez de la Suprema Corte de Brasil ordenó este lunes al gobierno de Jair Bolsonaro tomar “las medidas necesarias” para proteger a indígenas en los territorios Yanomami y Mundurucu, “ante la amenaza de ataques violentos y la presencia de invasores”.

Una plaga amparada por Bolsonaro

Varias ONG y especialistas atribuyen la llegada masiva de garimpeiros a las políticas del presidente Jair Bolsonaro, que cuestionó la extensión de la Tierra Yanomami y defiende la explotación económica de áreas preservadas para la minería y la ganadería.

“El gobierno de Jair Bolsonaro alentó esta invasión del territorio yanomami. El discurso de esta persona es agresivo y totalmente basado en la ilegalidad, como presidente de Brasil, le da seguridad a este crimen para que se perpetúe. Los garimpeiros se sienten libres de invadir territorios indígenas, creen que no serán castigados y eso es lo que está pasando en Brasil. Este número de 20.000 mineros de oro aumenta cada día”, contó a TN.com.ar la antropóloga Sílvia Guimarães, profesora de la Universidad de Brasilia e integrante de la Red de Apoyo a los Yanomamis y Ye’kwanas.

Es más, el mandatario de ultraderecha negó el fenómeno y afirmó el año pasado que los mineros ilegales no eran más de 3.500.

El antropólogo Marcos Wesley, quien trabajó en la región durante más de 20 años, también destacó la gravedad de la situación en una entrevista con la Deutsche Welle. “Este es el momento más grave desde la primera gran invasión de la Tierra Indígena Yanomami”, cuando unos 40.000 mineros llegaron en los años 80 antes de que la presión internacional obligara a su expulsión y se creará la Tierra Indígena yanomami en 1992.

Según la ONG Survival, entonces los garimpeiros destruyeron muchas comunidades y los expusieron a enfermedades contra las que no tenían inmunidad. Se estima que el 20% de los yanomamis murió en los ’80.

De acuerdo a Wesley, ahora incluso los lugares más remotos, donde los buscadores no estaban presentes antes, están siendo afectados.

Enfermedades, soberanía alimentaria y desnutrición

La pandemia de coronavirus empeoró aún más la situación para los indígenas. Se redujeron los controles del Estado sobre la minería y se acentuó la falta de personal médico en la zona. El difícil acceso a la zona no impidió la llegada del virus.

“Los yanomamis enfrentan la ineficacia estratégica de los servicios de salud que, bajo el actual presidente, no fueron efectivos en el control del COVID y otras enfermedades como la malaria, las lombrices. La situación es muy caótica, sin profesionales de la salud”, dijo Guimarães.

“Faltan medicamentos para controlar la malaria y también las lombrices, por lo que los adultos se enferman, los niños se enferman. Los yanomamis tienen soberanía alimentaria en su territorio, producen sus alimentos y manejan muy bien el bosque para obtener otros”, explicó.

“Pero cuando la minería de oro ingresa al territorio, junto con ella, la malaria hacen que se enfermen los adultos y no pueden producir sus alimentos. Esto recae en el eslabón más frágil, los niños. Entonces, los males que acompañan a la extracción de oro y la falta de atención médica crean una explosión de problemas que les impide experimentar plenamente su soberanía alimentaria”, agregó la antropóloga.

Según un estudio de UNICEF y la Fundación Fiocruz de mayo de 2020 realizado en aldeas de las regiones de Auaris y Maturacá – dentro de la Tierra Indígena Yanomami- ocho de cada diez niños menores de 5 años padecían desnutrición crónica.

El impacto del COVID-19 sobre los pueblos indígenas

Según un monitoreo de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB), ya son 1.092 los indígenas muertos por el virus en todo el país. El COVID -19 afectó a 163 aldeas, y 54.785 miembros de pueblos originarios se contagiaron desde que se registró el primer caso en Brasil el 26 de febrero de 2020.

El gobierno brasileño habla por su parte de 694 muertos y 48.888 contagios, según cifras divulgadas por la Secretaría Especial de Salud Indígena (Sesai).

Según la APIB, se confirmaron nueve muertes por coronavirus entre los yanomamis.

“La llegada del coronavirus al Territorio Indígena Yanomami nos dejó más impotentes. No tuvimos el apoyo necesario del gobierno”, dijo a medios locales Júnior Yanomami, miembro del Consejo Distrital de Salud Indígena, al recalcar las carencias en la atención médica.

Cloroquina y lenta vacunación

La respuesta del gobierno incluyó el envío de remedios polémicos. Con Jair Bolsonaro como uno de los principales promotores del uso de hidroxicloroquina para combatir el COVID-19, los Ministerios de Salud y Defensa y la Fundación Nacional Indígena (Funai) entregaron unas 39.500 pastillas de cloroquina y azitromicina en la Tierra Indígena Yanomami, pese a que no tienen eficacia probada contra la enfermedad.

Júnior Yanomami también apuntó contra la lenta llegada de las vacunas, cuando los pueblos originarios forman parte de los grupos prioritarios en el Plan Nacional de Inmunización contra el coronavirus.

Según el Ministerio de Salud, el objetivo es inmunizar a todos los yanomamis mayores de 18 años , que suman 12.253 individuos y representan el 43,5% del total de indígenas que habitan el resguardo. De este público objetivo, hasta el momento el 79% fue vacunado con la primera dosis y el 58% con la segunda.

Denuncias de desaparición de cuerpos

El dolor de las muertes por la pandemia, para los yanomamis suma una dimensión de violencia cultural. Según reportaron medios locales, los protocolos de bioseguridad implican el entierro de los cuerpos. Pero los yanomamis nunca entierran a los suyos, sino que incineran los cuerpos y se despiden con largos rituales colectivos.

“Existe una violación a su derecho humano como pueblo a vivir una vida digna, cuando se les impide poder disponer de sus muertos, sobre todo porque en algunos casos los cuerpos desaparecieron, no se les informó lo que sucedió con estas personas fallecidas”, indicó Guimarães.

“Los líderes yanomamis luchan contra estos errores y buscan establecer un diálogo con los servicios de salud para revertir la situación. Los yanomamis entienden los peligros del COVID y su contagio, pero quieren discutir otras posibilidades. Para el pueblo yanomami, no poder realizar sus ceremonias fúnebres es un acto muy grave, que no permite que muertos y vivos sigan sus caminos”, explicó la antropóloga.

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