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Tenía 94 años, sufría de cáncer y le hicieron firmar un testamento para quedarse con su departamento y sus ahorros

Así lo denunció ante la Justicia Leonor Tiscornia, prima de María Esther Bazo, la mujer supuestamente estafada por una amiga y una de las enfermeras que la cuidadaban.

María Esther Bazo sufría de cáncer de mama. Falleció de un ataque al corazón el 7 de febrero pasado. Tenía 94 años. Ahora, una prima de la mujer, que sostiene ser su heredera natural, denunció una estafa con los bienes y los ahorros de la jubilada fallecida. La denunciante sostuvo que, aprovechándose del “débil estado mental, psíquico y físico” de Bazo, le hicieron firmar un testamento por el cual le legó su departamento de Recoleta a una amiga y que, además, le robaron objetos de valor de su casa y de una caja de seguridad.

La denuncia fue presentada por Leonor Tiscornia, que es representada por los abogados Roberto Durrieu y Tomás Guido. Tras la presentación de la prima de Bazo, el caso recayó en la fiscalía en lo criminal y correccional porteña N°43 y en el juzgado N°17, según informaron fuentes cercanas a la denunciante.Ads by

“Aprovechándose del estado de demencia parcial o total de mi prima, propio de su avanzada edad y del cuadro de debilitamiento mental, psíquico y físico que venía cursando –sobre todo en el último año antes de morir– los acusados le robaron o hurtaron elementos de valor afectivo y económico de su casa, sumado a los documentos públicos y privados que le hicieron firmar y por los cuales retiraron y se apoderaron del dinero que tenía mi prima en su caja de seguridad y en cuentas corrientes”, afirmó Tiscornia en la denuncia, a la que tuvo acceso LA NACION.

En su presentación ante la Justicia, Tiscornia denunció a una amiga de su prima, al marido de esa mujer y a una de las enfermeras que en el último tiempo cuidó a Bazo.

Para Tiscornia, durante la investigación se deberá determinar si los tres denunciados tuvieron la colaboración de otras personas, como, por caso, los “notarios” que “expidieron los poderes generales y/o el posible testamento donde los acusados se hacen legar en su favor todos los bienes” de su prima.

Durrieu lleva adelante, como representante de la querella, un caso similar en el que se investiga si una mujer de 100 años, también vecina de Recoleta, fue estafada por un grupo de personas que le hizo malvender su inmueble en 200.000 dólares, la mitad de su precio, y le sacó 320.000 pesos de las cajas de ahorro y de otras cuentas bancarias.

“Las características de ambos casos [el denunciado por Tiscornia y el de la mujer de 100 años] son muy similares. Los estafadores buscaron aprovecharse de las restricciones del ASPO y de la vulnerabilidad de las víctimas”, explicó Durrieu a LA NACION.

La denuncia de Tiscornia fue presentada la semana pasada y durante estos días sus abogados pedirán ser incorporados como querellantes en el expediente.

Documentos firmados

Según Tiscornia, las personas denunciadas le hicieron firmar a su prima “uno o varios poderes especiales con facultades para poder administrar sus cuentas bancarias, un nuevo testamento supuestamente hecho ante escribano público en agosto de 2020, mediante el cual los acusados se habían hecho legar en su favor todos los bienes, entre otros documentos privados, tales como simples notas por las cuales Bazo, supuestamente, regaló propiedades y objetos muebles de valor en favor de la enfermera a su cargo y de una amiga”.

En la presentación, la prima de Bazo solicitó que la Justicia investigue a las personas denunciadas por los delitos de defraudación, “circunvención de incapaz”, hurto y robo, entre otros.

Tiscornia sostuvo que su prima sufrió el “desapoderamiento” de alhajas y de dinero efectivo que tenía en un cofre de seguridad en su departamento de la avenida Santa Fe al 1500, y de otros elementos que tenía en una caja de seguridad que había contratado en un banco.

María Esther Bazo tenía 94 años y falleció en febrero pasado
María Esther Bazo tenía 94 años y falleció en febrero pasadoGentileza Leonor Tiscornia

“Mi prima, si bien no era una mujer de fortuna, percibía mensualmente una suma que rondaba los $200.000 como jubilada, suma que, al ser sola y austera, le alcanzaba para vivir holgadamente y hasta, incluso, ahorrar. Ella misma administraba ese dinero hasta que, sospecho, mediante un poder general de libre administración que los acusados se hicieron firmar en su favor, la cuenta bancaria personal de mi prima, sus ahorros y objetos de valor pasaron a estar en manos de, insisto, los aquí acusados”, afirmó Tiscornia en la denuncia.

Tiscornia explicó que a partir de marzo del año pasado, cuando el Gobierno dispuso el aislamiento social, preventivo y obligatorio como medida para evitar la circulación del Covid-19, el contacto con su prima fue difícil.

El ASPO fulminó cualquier posibilidad de visitar a mi prima con frecuencia o de dormir con ella en su casa. Lógicamente existía la necesidad de mantener un distanciamiento forzoso. Sin perjuicio de ello, los acusados evitaron a la fuerza cualquier tipo de contacto siquiera por teléfono con mi prima, por un largo tiempo. Solo los últimos días de su vida pude irrumpir en su departamento, desplazando así a su supuesta amiga, que, insisto, me excluyó de la ayuda y contacto con Cotita [como Tiscornia llamaba a Bazo]. Así es como, reitero, por lo menos los últimos días de su vida me instalé a su lado en su departamento para cuidarla y acompañarla hasta su muerte”, dijo la denunciante.

Bazo era soltera y no tenía hijos. “Cotita fue aislada de su entorno y de sus seres queridos”, afirmó la denunciante. Según se desprende de la presentación ante la Justicia, la enfermera que se vio beneficiada con una donación de 5000 dólares, arrepentida, le avisó a Tiscornia que en agosto del año pasado Bazo “habría otorgado un testamento por escritura pública donde legó todos sus bienes”.

“En ese momento [agosto de 2020] mi prima ya no podía siquiera levantarse de la cama para ir al baño”, dijo Tiscornia. Supuestamente, el “nuevo testamento” le fue leído a Bazo ante la presencia de dos testigos y su amiga [una de las denunciadas] y un escribano público.

“Fue ahí que le legó el departamento de su propiedad a su amiga y le otorgó US$5000 a la enfermera. Está claro que en aquel entonces Cotita no era libre bajo ningún aspecto de discernir ni comprender lo que firmaba”, sostuvo Tiscornia en la denuncia.

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