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Hospital del terror: Un médico chaqueño relató sus historias paranormales por redes sociales

El cirujano Julio Picón estremeció a medio país con sus relatos terroríficos de diversas situaciones que le tocó vivir a lo largo de su vida, y sobre todo, de su lugar de trabajo: el hospital.
Hospital del terror: Un médico chaqueño relató sus historias paranormales

Julio Picón, es un médico que actualmente se desempeña en el área de Guardia de los hospitales Perrando, Eva Perón y el centro de salud de Villa Prosperidad, en Chac. Seguramente Julio vio la muerte miles de veces pero nunca se estremeció tanto como cuando tuvo un contacto tan estrecho con el “más allá”, lo que lo motivó a contar sus experiencias en redes sociales.

“El 31 de octubre estuve de guardia y estuvimos hablando con mis compañeros de  Halloween, en ese contexto empezamos a hablar de actividades paranormales o cosas que no tienen una lógica que lo explique. A raíz de eso hice un hilo en mis redes sociales sobre hechos que había experimentado en los lugares donde trabaje, cosas que me pasaron en mis diferentes épocas”, explicó Julio a Radio Sudamericana .

Estos relatos tomaron gran trascendencia luego de que el youtuber número uno de las historias de terror “DROSS” tomara estas declaraciones y las convirtiera en un video. Rápidamente las publicaciones del médico se viralizaron y numerosos medios comenzaron a llamarlo.

“En estos ambientes donde se viven situaciones de dolor y angustia, y en horas de la noche donde hay más silencio, es como que uno se vuelve más perceptivo a determinadas situaciones. Evidentemente queda una energía que se percibe. El que trabaja en salud sabe que pasa algo más”

Respecto a qué piensa sobre estos episodios “misteriosos”, el doctor explicó: “Tengo sentimientos encontrados porque como médico hablar de un milagro es bastante criticado porque la medicina tiene un método aplicado. Igual sabemos que en la medicina uno más uno no es siempre dos, siempre hay algo más. Yo creo que hay misterios que todavía no lo hemos descubierto en un 100 por ciento, creo que hay un 90 por ciento de cosas que todavía no sabemos qué es ni cómo funcionan”, dijo.https://www.youtube.com/embed/rHhLBoW2DC4

1º HISTORIA

La parroquia hacia su peregrinación a Itatí todos los años. Caminábamos toda la noche, cantando y rezando, y a veces en un sagrado silencio, cortado por el sonido de los vehículos y de los pasos de los peregrinos. A veces algún ladrido lejano.

Don Leguizamón era un hombre de fe, no se perdía ninguna edición de la caminata. Cierta vez, peregrinando en silencio, cerca de Ensenada Grande, la oscura noche mostraba una pequeña luz que se movía del otro lado de la ruta. – Cazadores deben ser, dijo alguien. Luego, el lamento.

Tal vez el sonido de algún extraño pájaro. “Veniiii”, parecía decir el canto. Y se repetía rítmicamente. Otra vez: “Veniiiiii”. A veces el sonido sonaba cercano, pero no podíamos ubicar el preciso origen. Encima que deben estar en campo ajeno, se hacen los graciosos, pensé.

El llamado se seguía repitiendo y nos acompañaba. Don Leguizamón no dudó y le contestó: “Y por qué no venís voooos!” Y el llamado cesó. Seguimos caminando y de repente Don Leguizamón pegó un tremendo grito y se cayó en medio de la banquina. Nos acercamos a ayudarlo. Estaba pálido.

Temblando nos contó que una sombra blanca y terrorífica se aproximó a toda velocidad, tomó su cuerpo y lo sacudió. Nadie dijo más nada. Seguimos caminando en silencio, a veces rezando o cantando. Y nadie más se atrevió a contestar algún sonido en toda la noche.

2º HISTORIA

Pablo era considerado un extraño personaje. Enfermero de la Terapia, umbandista y nochero por costumbre. Las guardias que me tocaban con él, tenían una alta y rara mortalidad. Cuando un paciente se encuentra en estado crítico, hay signos que presagian la fatalidad.

La visita de la salud: el paciente está mal, moribundo, y repentinamente recupera el bienestar, amaga un fugaz mejoramiento. Habla con los familiares, recuerda a personas fallecidas. Y luego cambia drásticamente, desmejora y muere. Una inyección de endorfinas dicen algunos.

El signo de la mosca: las terapias son habitualmente frías, asépticas; sin embargo, cuando un paciente crítico se dirige hacia la muerte, este insecto burla la seguridad sanitaria, se infiltra en la UTI, y se posa sobre las sábanas del moribundo. El destino está sellado.

El tercer signo fatal, era la guardia de Pablo. Se acercaba a los pacientes graves, susurraba algo en los oídos y se apartaba. “Les capturé el alma para mi santo”, decía. Y dejaba un alfiler debajo de la almohada. Horas después el paciente empeoraba, y no se podía hacer nada.

Muchos murmuraban por abajo. La jefatura de enfermería decidió investigarlo, y lo apartaron del servicio por las dudas. La mortalidad bajó. Y Pablo en su nuevo puesto de vacunación no logró adaptarse. Renunció unos meses después. Un día nos enteramos que se suicidó.

La vida en la terapia continuó igual, con pacientes que se recuperaban y otros que fallecían. Una noche controlaba la evolución de un moribundo. Repentinamente una puerta se cerró. No había nadie cerca. El monitor me indicó que el paciente ya había fallecido.

Los enfermeros se aprestaron a desenchufar los aparatos. De golpe me llama una de las enfermeras. “Doctor!!! Rápido. Venga.” La noto nerviosa y asustada. Me acerco a la cabecera del paciente muerto. El otro enfermero levanta la almohada y me muestra un alfiler.

Nadie sabía cómo ni porqué. Pero cada óbito nocturno, estaba acompañado por la presencia de un alfiler bajo la almohada. Tiempo después yo dejé la clínica. Pero me enteré que cerraron la Terapia, porque los enfermeros tenían mucho miedo y ya no querían trabajar más ahí.

3º HISTORIA

El hombre parecía un mendigo y golpeó tímidamente la puerta de la guardia. Lo atendió la enfermera, lo registró y lo hizo pasar al consultorio.

El motivo de la consulta era dificultad respiratoria, tos y fiebre. El examen no me dijo mucho y pedí una placa.

La técnica radiologa le pidió que se posicione sobre el chasis y tomó la radiografía. Entró al cuarto oscuro para revelar y sintió frío y miedo. Alguien le respiraba en la nuca. Y la respiración se sentía muy fuerte. Salió rápidamente del cuarto y no encontró al paciente.

Era imposible que se escondiera en algún lado. La puerta estaba cerrada con traba interior. El paciente literalmente se evaporó. Sintió más miedo aún y vino corriendo hasta la guardia. Llamamos al policía por cualquier cosa. Buscamos por todos lados y nada. Quedamos con la duda.

Anotamos en el cuaderno de novedades, hora 3:15. Temprano en la mañana llega el encargado de seguridad y se entera de lo sucedido. “Vamos a revisar las cámaras”, propone. Estamos todos atentos mirando las grabaciones. Expectantes. Hasta que llega el horario estimado.

La enfermera abre la puerta pero no pasa nadie. Yo me veo en el pasillo hablando a la nada y gesticulando en soledad. No se ve en ningún momento a otra persona. Se ve a la técnica que abre la puerta de Rayos y habla, pero no hay nadie. Nos quedamos en silencio. No decimos nada.

No queremos quedar como locos. Todos lo vimos e interactuamos con el paciente fantasma. Las cámaras no lo registraron, sólo nuestros ojos o nuestra imaginación.

4º HISTORIA

De todos los espacios hospitalarios, al que le tengo más temor es a la morgue. Me parece un lugar cerrado, pequeño, agobiante, con una gran carga negativa de dolor y desesperanza.

Durante una guardia, personal policial llegó con un niño de tan solo 9 años que se electrocutó.

En vano se hicieron las maniobras de reanimación, no pudo salir. Se decretó el deceso, se lo cubrió con una sábana y se llevó el cuerpo a la morgue. Esperamos por el móvil tanatológico, ya que llamativamente ningún familiar apareció. La guardia siguió su curso, entre mate y mate.

A eso de las 4 de la madrugada, escuchamos un tremendo grito, un alarido desgarrador, que venía desde el fondo. Y luego un golpe seco, como la caída de un peso voluminoso. Salimos todos al mismo tiempo corriendo para el fondo, pensando en el ingreso furtivo de algún familiar.

En la morgue no había nadie. Solamente el cadáver del niño electrocutado, totalmente descubierto y con la sábana tirada en el suelo. El desconcierto era general. No había explicación lógica. Nos retiramos y nadie se atrevió a aproximarse a la morgue hasta que se hizo de día.

5º HISTORIA

La Terapia Pediátrica del Falcón en Del Viso contaba con 5 camas. Para el día del niño estaban ocupadas 4. Llegaron payamédicos y varios grupos para alegrar la jornada. Repartieron juguetes y dejaron 5 globos. Uno por cama.

– Mirá, sobra un globo. Señaló alguien.

– Dejá nomas, ya tiene dueño. Dijo una de las enfermeras. – Sólo hay 4 chicos. – Dejá igual. Ya lo tomó un angelito. Y el globo quedó allí, estático, flotando sobre la cama vacía. Dos días después, habiéndose retirado los otros globos, éste permanecía allí, en el mismo lugar.

La jefa de enfermería, previendo un posible ingreso, dió la orden para retirar el globo solitario. Cuando la enfermera de turno lo quiso tomar, el globo pareció tomar vida y , como impulsado por un viento misterioso, subió hasta el techo. – Debe ser el helio, dijo alguien.

– Ese globo se tiene que sacar sí o sí. No puede estar en la Terapia. Vinieron de mantenimiento con una escoba, para empujar y bajar el globo. – No le quiten el juguete a mí bebé, se va a enojar – dice una enfermera. El ordenanza se ríe y se apresta a atrapar el globo rebelde.

Lo aprisiona contra la pared. Comienza a bajarlo y repentinamente revienta provocando un estruendo inusual. Al mismo instante las alarmas de los respiradores y las bombas de infusión comenzaron a sonar al unísono, sin ninguna razón que lo justifique.

– Debe ser el sonido fuerte, le digo a la enfermera. – No creo, el angelito se enojó porque le quitaron su juguete, respondió. No dije nada. Pero desde entonces dejábamos que los globos se desinflen solos para poder retirarlos de la Terapia.

6º HISTORIA

Los hospitales habitualmente reciben donaciones; como aquel espejo de feria dejado por el dueño de un circo al hospital de Napenay, como muestra de agradecimiento. La Dra. Adela Carreras lo colocó en una de las habitaciones de internación del hospital, frente a las camas.

El personal lo encontraba llamativo y jugaba con el reflejo del espejo, ya que se caracterizaba por ofrecer una particular distorsión: si uno venía por derecha, en la imagen entraba por izquierda. Un fin de semana llegó un hombre de 54 años, originario, probablemente qom.

La doctora indicó la internación, ya que el paciente se encontraba deshidratado y arrastraba un proceso tuberculoso de larga data. De las cuatro personas que lo acompañaban, sólo una hablaba español, y aceptaron el tratamiento ofrecido. El paciente no dijo nada.

Cuando se lo llevó a la habitación y vio el espejo, salió de su pasividad y se lo notó nervioso. Dijo algo en su lengua nativa. – ¿No hay otra pieza?- preguntó el que hacía de intérprete. – No hay. Todas están ocupadas – le respondió la enfermera mientras colocaba las sábanas.

El paciente se notaba molesto, aunque su cuadro no revestía un riesgo de vida inminente. La enfermera de las 22 hs. lo encontró huyendo por los pasillos del hospital. Arrastraba su suero y una columna de sangre descendía por el perfus. Volvió resignado a la habitación.

Al día siguiente, durante el cambio de turno, la enfermera se aprestaba a realizar los controles vitales. Al entrar a la habitación, notó que el paciente se encontraba como dormido y cubriéndose la cara con ambas manos. Lo tocó y lo sintió rígido, y no respiraba.

La doctora se sorprendió, no esperaba el deceso de este paciente. Costó retirar las manos de su cara, pero lograron llevar las manos hasta el pecho. Poco a poco llegaron los miembros de la comunidad originaria. Todos miraban impávidos al difunto, y cada tanto al espejo.

No dijeron nada. Ninguno lloró siquiera. Luego de retirado el cadáver, la mucama se dispuso a limpiar la habitación. Asustada, llamó a todos. El espejo estaba roto, hecho añicos. Entre los pedazos de vidrio se mezclaban varias gotas de sangre. Habían roto el cristal a puñetazos.

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